Para ayudar a la gente, no necesariamente debes ser rico y donar millones de dólares para caridad. Es suficiente cometer pequeños actos, como alimentar a un perro hambriento, cargar las bolsas pesadas de una persona mayor o simplemente sonreír y decirle algo bueno a una persona que no conoces.

  • Vi en la calle cómo un hombre estaba suplicando a su esposa para que le dejara comprar una hamburguesa. Cuando ella se volteó, un extraño le pasó la suya para que le diera una mordida. La solidaridad masculina en acción.

 

  • Hoy doné sangre, me subí al autobús y me sentí mal. Me desmayé. Además de que todos los pasajeros hicieron todo lo posible para auxiliarme, el conductor se desvió de la ruta y me llevó al hospital, sin siquiera cobrarme el viaje. Además, se me cayeron el dinero y el móvil de las bolsas, pero me los devolvieron intactos. Lástima que no pude agradecer a todas esas personas.

 

  • En un McDonald’s se me acercó un hombre y me dijo: “Comparte tu comida conmigo, por favor. No he comido durante tres días, te lo pago después“. Luego anotó mi número de teléfono. En 2 días me llegaron 30 dólares de saldo y un mensaje de texto: ”Te lo prometí…”

 

  • Hace poco estaba en una tienda comprando helado. Me acerqué a la caja. Ahí habían tres niños de entre 6 y 8 años. Querían comprar raspados con sabor a fruta, pero no les alcanzaba con sus monedas. Les di el dinero que les faltaba. ¡Hubieras visto cómo brillaron sus ojos!

  • Estaba haciendo fila en un supermercado y una mujer enfrente mío olvidó su Kinder Sorpresa en la caja. Tenía mucha tentación de quedarme con él, pero opté por alcanzar a la mujer y le pasé su huevo. ¿Te lo imaginas? ¡Tanto que me gustan los Kinder Sopresa! 🙂

 

  • No había dormido durante dos días por estar escribiendo reportes. Anoche me quedé dormida en el trabajo y me desperté en casa. Mi jefe llamó a mi esposo para que me recogiera y me dio 2 días libres.

 

  • Hoy es mi día. No, no es mi cumpleaños. Es el aniversario del día en que mis padres me adoptaron de un orfanato. Ahora tengo 21 años y mi esposo y yo vamos a adoptar a una niña de la misma institución. Ella y yo tendremos un día especial en común.

 

  • Estaba llegando tarde para mi primer examen. Mi profesor es un tipo estricto que siempre dice: “Si llegas tarde, repruebas automáticamente“. Estaba corriendo a la parada del autobús, crucé la calle rápidamente y me detuvo un policía. Me empezó a reprochar que cruzaba en un lugar inapropriado. Yo de pronto empecé a llorar y le conté todo. Con una expresión seria me dijo: ”Súbete a la patrulla“. Me subí y me sonrió: “No te preocupes, llegaremos a tiempo, ¿dónde estudias?” Y me llevó en su patrulla con la sirena encendida.

 

  • Hace aproximadamente una semana estaba viajando en un autobús. Todos los asientos estaban ocupados. En una parada subió una chica. Sus tacones medían aproximadamente 12 o 14 centímetros. Conozco por mi propia experiencia qué significa viajar en un autobús con tacones tan altos, así que le cedí mi asiento. La chica me sonrío, me agradeció y se sentó. Se me había olvidado esto, hasta hoy, que tuve que viajar de pie igual, con zapatos de tacón alto. Y una chica igual de comprensiva me cedió su asiento.
  • Hoy en una tienda vi a un abuelito que quería comprar leche y estaba contando monedas: al parecer, no sabía si le iba a alcanzar el dinero o no. Se le acercó un chico, puso en el suelo un billete, tocó el hombro del señor, le dijo: “Oiga, se le cayó algo“ y se fue.

 

  • Se me acercó un indigente en la calle, me pidió dinero para comprarle comida a su amigo en apuros. No le di dinero pero le compré un burrito. Luego decidí seguirlo para ver qué haría con la comida. El hombre dobló la esquina, le dio una mordida al burrito y se lo aventó a un perro que estaba acostado y tenía una pata vendada.

 

  • Soy maestro y hace poco vi que mis alumnos durante el recreo salían fuera de la escuela. Pensé que habrían empezado a fumar y decidí seguirlos. Lo que vi me impresionó. Los chicos le llevaban ropa y comida a un indigente que siempre pasa por la escuela. Resultó que en muchas ocasiones ellos gastaban su propio dinero para ayudarle a aquel hombre. Hace una semana mis alumnos y yo le pedimos al director de la escuela que contratara al hombre como guardia de la escuela. Ahora tiene dónde vivir y un trabajo.

 

  • Me pagaron mi sueldo. Tomé una pequeña parte para comprar agua en la tienda. Saqué un billete de 100 y vi que decía: ”Si ves a una persona necesitada, dale estos 100 pesos. Lo necesitará más que tú. Haz algo bueno“.
    Pagué con otro billete y dejé este en un bolsillo interior. Ayer, mientras estaba esperando el autobús, se me acercó un hombre y me pidió unas monedas para comprar el pan. Saqué de mi bolsillo aquel billete y se lo di. Él estaba conmovido. Luego saqué de mi cartera otro billete y escribí sobre él: “Si ves a una persona necesitada, dale estos 100 pesos. Lo necesitará más que tú. Haz algo bueno”. Quiero que haya más personas felices en el mundo.

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