¿Realmente los polos magnéticos van a darse la vuelta? ¿Y qué pasaría?

Últimamente hay mucho interés sobre los polos magnéticos de la Tierra, más concretamente, por si estos van a voltearse o no, y qué puede pasar si esto ocurre. Las consecuencias de este aparentemente rápido salto geomagnético puede parecer un tanto terrorífico, pero no hay de qué preocuparse: no estamos seguros de cuándo ocurrirá la próxima reversión, e incluso cuando lo haga, los riesgos probablemente no sean tan aterradores como cabe pensar.

El núcleo externo terrestre, rico en hierro, poco a poco va enfriándose y se desplaza a través de corrientes de convección enormes, que también se deforman por la rotación de la Tierra. Gracias a un “capricho” físico conocido como la teoría del dínamo, esto genera un potente campo magnético, con un extremo norte y sur.

Aunque el 99% de la energía magnética permanece dentro del núcleolos deslizadores que escapan se extienden hacia el espacio, y pasan la mayor parte de su tiempo desviando el viento solar que desgarra la atmósfera.

En este momento, tanto el polo norte como el polo sur magnético están donde toca. Ambos trazan una línea vertical que cruza el planeta de arriba a abajo. En este punto, es cuando la aguja de tu brújula intenta apuntar hacia arriba.

A lo largo del tiempo geológico, estos polos magnéticos han cambiado de lado, un fenómeno conocido como“inversión geomagnética”. Aunque hay varias hipótesis que intentan explicar esto, los geofísicos no están seguros de por qué sucede. Algo tiene que ver con el núcleo exterior metálico, pero no se conocen los detalles.

Hubo un cambio temporal hace 41.000 años, pero esto solo causó una reversión de 250 años antes de que se restableciera la normalidad. En cualquier caso, en los últimos 20 milones de años, los polos se han volteado una vez cada 20.000-30.000 años en promedio.

El desconcierto actual proviene del hecho de que tenemos 20.000 años o más de retraso, y es cierto que el campo magnético de la Tierra se ha estado debilitándose en aproximadamente un 5% por cada década, una señal de que la inversión está de camino. Sin embargo, eso no significa que dicho cambio sea “pronto” o “inminente”.

Otro problema es que el promedio de 20.000 años por cada reversión es bastante incierto, y esto no se ha mantenido a lo largo de la historia de la Tierra. “Aunque la fuerza del dipolo está disminuyendo actualmente, este comportamiento no es anómalo“, según los registros geológicos.

Una inversión o debilitamiento general del campo magnético del planeta presenta algunas amenazas potenciales, especialmente si llega a un 10% de su fuerza total antes de volver a regenerarse.

El problema principal es qué pasará con nuestra infraestructura eléctrica: satélites, redes eléctricas…”, afirma Livermore. Si el clima espacial trae partículas altamente energéticas junto con él, les será mucho más fácil entrar en nuestra atmósfera sin un campo magnético fuerte. De hecho los satélites dentro de la Anomalía del Atlántico Sur, un notable punto débil del campo magnético, ya corren un alto riesgo de daño.

Este daño depende de cuán severo sea el clima espacial; si es grave y no estamos preparados, podría causar algunos apagones importantes y prolongados en la superficie. La vida biológica, sin embargo, probablemente no se vería afectada. Los animales que confían en la magnetorrecepción para navegar podrían estar desconcertados durante un tiempo, pero es probable que el tiempo sea limitado.

Así que visto lo visto no hay mucho de qué preocuparse: ni afectaría a nuestras vidas a nivel de salud ni se espera que este cambio sea a corto plazo.

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